El significado de las nubes. «Curiosidades científicas» por Eduardo Jorge Herrero

EL SIGNIFICADO DE LAS NUBES
Dicen Fito y Fittipaldis que sueñan “…en invierno con el sol, con las nubes en verano…” Este final de primavera con la tremenda ola de calor no ha sido de muchas tormentas, las nubes no han tenido piedad de nosotros y no han aparecido. No hemos visto esas maravillosas formaciones de nubes de “desarrollo vertical” como dicen los meteorólogos que crecen amenazadoras sobre nuestras montañas y descargan agua por las tardes. Esos nombres maravillosos: cirros, cirroestratos, cumulonimbos, altoestratos, altocúmulos, nimboestratos,…Las nubes en verano, además de protegernos del sol, incitan nuestra fantasía, les damos formas de animales, de cosas, cada uno a su gusto, las fotografiamos, en determinados días las vemos nacer o deshacerse…

Algo tan cotidiano y tan vulgar como las nubes han tenido una gran influencia en la cultura, en la historia y sin lugar a dudas, en la pintura. Los grandes clásicos de la pintura han mirado al cielo como complemento a sus obras. Velázquez (quizás el más conocido de sus paisajes es el de la cumbre nevada de La Maliciosa, con sus altocúmulos sobre ella, que aparece en el fondo del retrato a caballo del Príncipe Baltasar Carlos, (1635, Museo del Prado), también el Toledo de El Greco o un contemporáneo como EduardMunch con esas nubes nacaradas en su obra “El grito”.  Por otro lado, tampoco cabe imaginarse en la mitología judeo-cristiana la aparición de Dios o ascensión a los cielos de la Virgen en los que no aparezcan las nubes que se llaman cúmulos, aspecto que nos inclina a pensar que los grandes pintores realizaban sus trabajos en verano, época con máximas horas de claridad en las que mejor podían trabajar. El Islam sostiene que Alá antes de manifestarse y “encarnarse” en el Corán, existía en forma de nube.  Budistas, hinduistas y otras religiones identifican a muchos de sus dioses con las nubes, los rayos y los truenos.

Históricamente, observar las nubes siempre ha sido un acierto. Los agricultores o ganaderos han sabido leer el cielo para mejorar sus siembras y apacentar su ganado. También, en esta vieja Europa bañada en sangre en su historia, numerosas batallas se ganaron o perdieron más que por interpretar a los astros, por no interpretar a las nubes, más mundanas y más cercanas. Así se habla de Napoleón y como influyó el tiempo en la batalla decisiva de Waterloo, la niebla, la lluvia y el lodazal, impropias del mes de junio, hicieron que Napoleón tomara decisiones equivocadas y perdiera la batalla en 1815.

 Más cercano en el tiempo y quizás más dramático y decisivo para Europa, el día D, el 6 de agosto de 1944 los aliados y sus servicios meteorológicos decidieron retrasar el asalto a las costas de Normandía veinticuatro horas debido a las malas previsiones existentes para el día elegido. Aprovechando unas horas de  bonanza las barcazas de desembarco pudieran llegar a la costa en buenas condiciones. De igual forma pasó un año después, las nubes retrasaron un día el vuelo del “Enola Gay” sobre Hirosima. En aquella época no había satélites meteorológicos y las probabilidades de acertar se basaban en la agrupación de simples observaciones del cielo de las estaciones meteorológicas mal equipadas y con tecnología rudimentaria. A partir de la II Guerra Mundial la climatología también se ha utilizado como arma de guerra. Los primeros estudios datan del siglo pasado, en los años 40. En 1946 el proyecto “Cirrus” intentó provocar lluvia en el estado de Nueva York sembrando nubes con hielo seco y provocando una tormenta de nieve en Massachusetts. También en España se hizo un estudio en Valladolid en los comienzos de los años 80 sin mucho
éxito*.  La siembra de nubes con cristales finalmente pulverizados de hielo seco y las siembras con cristales de yoduro de plata (actúan como nucleadores del vapor de agua para formar gotitas) con el fin de producir lluvia en los lugares más áridos del planeta, se pasó al intento de emplear las nubes como arma de guerra en el conflicto del Vietnam. Estados Unidos intentó por todos los medios conseguir generar importantes precipitaciones que inundaran los caminos y senderos que recorría el Vietcon. Desde entonces todos los intentos, de momento, han sido infructuosos y no hay una buena relación coste/beneficio. Es mucho más complicado de lo que parece alterar las nubes para generar lluvia o evitar el granizo.

Por último, las últimas nubes que parecen ser problemáticas son las generadas por las estelas de los aviones. Esas líneas tan rectas que se clavan como cuchillos en el cielo empiezan a ser consideras como un problema ya que pueden contribuir al cambio climático. Imaginemos los miles de aviones que vuelan diariamente creando estas nuevas nubes.

Acabo el artículo recordando la maravillosa canción de George Brassens “La Tormenta” la podéis oir interpretada maravillosamente por Alberto Pérez en el disco “La Mandrágora”en compañía de Sabina y Krahe“…yo tuve un gran amor durante un chaparrón y sentí aquella vez tan profunda pasión que ahora el buen tiempo me da asco….” Si quieres escucharla y pasar un buen rato  Pincha aquí

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1 respuesta

  1. Meliza dice:

    Muy bueno

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